lunes, 28 de octubre de 2013

Día 301 - Atraído por la Justicia Social

Hoy me desperté cantando “Señora de las cuatro décadas”, de Ricardo Arjona. Esa parecía ser la edad de la mujer del candidato. Ayer, domingo, llevaba media hora de espera en la escuela en la que se suponía que ella iba a votar, cuando apareció. Me llamó la atención su aspecto juvenil, porque parecía mucho más joven ahí, viéndola en persona, que en la foto que me había pasado Luis Miguel para que pudiera identificarla. Caminé rápido y me pegué a ella para quedar un puesto detrás en la fila, porque de eso dependía el éxito de la misión.
Será porque se realizan los domingos, porque hay muchos que después de votar tienen que ir a comprar las pastas para el almuerzo, porque habrán dejado el agua en el fuego, porque sus familias los esperan para ir a algún lado, porque al día siguiente es lunes y la mayoría debe retomar sus actividades laborales… No sé cuál será el motivo, pero todo el mundo parecía estar apurado por votar y algunos llegaban al extremo de simular un malestar, una renquera, un embarazo, nada más que para adelantarse dos puestos en la fila. Por las dudas, para no perderle pisada a la mujer del candidato, pegué mi cuerpo al de ella.

Creo que lo malinterpretó. Me acerqué una vez y se adelantó, volví a acercarme y volvió a adelantarse. Desde atrás, un tipo de bigotes emitía todo tipo de quejidos y estudiaba la posibilidad de inmiscuirse en el espacio libre entre nuestros cuerpos. La desesperación me llevó a pegarme al cuerpo de la mujer del candidato, pero esta vez, para asegurarme de que no volviera a separarse, la tomé por la cintura y moví la pelvis hacia adelante.
—¿Podés dejar de apoyarme, pelotudo? —me dijo, después de darse vuelta con dificultad, la mujer del candidato.
—Uy, disculpe, señora. Por un momento creí que estaba en el 160 —le dije para disimular.
—Está bien, tampoco es que haya matado a nadie —me dijo—, pero, aunque sea, pregúnteme antes cómo me llamo, invíteme a tomar un café.
—Tiene razón señora —le dije—. Le pido mis más sinceras disculpas. No se va a repetir.
—Justicia —me dijo dándose vuelta luego de un largo silencio.
—¿Perdón? —le pregunté.
—Justicia me llamo, ese es mi nombre, Justicia Social.
—Ah, sus padres deben ser dos idealistas —le dije.
—Sí, dos hijos de puta en realidad, y el del registro civil un pelotudo. Porque “Justicia” no es el mejor nombre que una nena puede tener, pero “Social” ni siquiera es un nombre.
La fila avanzaba a ritmo lento pero constante. Faltaba que votaran dos personas para que llegara nuestro turno. Justicia Social, la mujer del candidato, ingresó al aula en la que esperaban las autoridades de mesa. Antes de adelantarse para entregar su documento, volvió a mirarme y me dijo:
—Acá en la esquina hay un barcito muy lindo. ¿Vamós, después de votar, a tomar el café que me debés por la apoyada?
—Cómo no —le respondí.
Una vez que ella pasó al cuarto oscuro me acerqué al presidente de mesa y pronuncié la contraseña para que me identificara y, llegado el momento, me diera el sobre de ella.
—Hoy es un día peronista —le dije.
—¿Qué dice? —me preguntó.
—Que es un día peronista —repetí y le guiñé el ojo.
—Pará —me dijo entre susurros—, ¿vos venís de parte de Luis Miguel?
—Sí.
—Decile que la próxima vez elija mejor la contraseña. La mujer del candidato ya votó más temprano y en lo que va del día ciento cuarenta y tres personas me dijeron que hoy es un día peronista, incluido el mamotreto que venía atrás de ella.
—Y esta que está votando, ¿quién es? —le pregunté.
—¡Qué sé yo! —me dijo— ¿Cómo se llama?... Justicia Social… Tiene el mismo apellido. Debe ser la hija o la sobrina.

Mi misión había fracasado. No tenía nada que hacer ahí. Debo reconocer que me sentía atraído por la Justicia Social, pero Luis Miguel no me había dado ni para cubrir los viáticos y no tenía un peso encima. No podría pagar el café al que me había invitado a invitarla. Antes de que Justicia saliera del cuarto oscuro, desaparecí de ahí.

4 comentarios:

  1. Y sí, peor que equivocarte de mujer, es ir a tomar un café y no tener con qué pagar.

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    1. Quien no se ha ido corriendo de un café en alguna ocasión. Yo lo he hecho varias veces, pero nunca en la primera cita.
      Saludos!

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  2. Respuestas
    1. Claro, la ausencia de Justicia sería, por definición, una injusticia.
      Saludos!

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