martes, 9 de abril de 2013

Día 99 - Una cama decente


Hoy me desperté en la parte de atrás de mi furgonetita Volkswagen, cantando “I just called to say i love you”, de Stevie Wonder. Como aquel día en el que desperté cantando una de Andrea Bocelli, no pude abrir los ojos hasta que no concluí la canción. Vaya susto me llevé cuando los abrí. Sentada junto a mi colchón, Vicky trataba de contener la risa tapándose la boca con una de sus manos enguantadas.
—Cantás muy lindo, Don Natalio —me dijo y largó la carcajada.
—¿Qué…? ¿Cuándo…? ¿Cómo entraste? —le pregunté y, sin destaparme del todo, me senté.
—¡Por la puerta, Don Natalio! —me dijo—. Roncás tan fuerte que ni me escuchaste.
—¡Ah, qué amorosa! ¿Hace mucho que estás?
—Diez minutos. Iba a despertarte, pero, además de roncar, te sacudías como si estuvieras teniendo una pesadilla.
—Sí, ya sé… La cara.
—¿Qué cara? —me preguntó.

—Desde que fuimos al Lugar Especial —al oírme, Vicky me lanzó una mirada fulminante—. Perdón. Desde que fuimos al sitio cuyo nombre no debe ser pronunciado, me invade recurrentemente, tanto cuando sueño como cuando estoy despierto, la imagen de una cara que, aunque me resulta familiar, me es imposible identificar. ¿A vos no te pasa?
—¿No estás ansioso por saber cómo es el lugar en el que vas a vivir? ¡Vamos, dale! Salgo así te cambiás y vamos a mi departamento.
Bueno, era evidente que Vicky se rehusaba a hablar acerca del Lugar Especial. Me cambié la ropa mugrienta que había usado para dormir por otra ropa que tenía tirada por ahí y estaba tan mugrienta como esa, me senté en el asiento del conductor y abrí para Vicky la puerta del acompañante.
Su departamento se encontraba en el quinto piso de uno de esos edificios modernos. Me llevó a la terraza para mostrarme la pileta, que tenía el tamaño de una bañera, y bajamos al quinto piso.
—Entonces… acá voy a vivir —dije cuando Vicky abrió la puerta de su departamento.
Era un monoambiente lleno de luz y espacioso, cuyas paredes estaban pintadas de color rosa.
—¿Qué te parece? —me preguntó.
—Amoroso —le dije.
Me llamó la atención el hecho de haber utilizado, por segunda vez en el día, un adjetivo que nunca en mi vida había pronunciado: “amoroso”. Vicky me reveló los secretos del departamento. Me dijo, por ejemplo, que para que saliera agua caliente de la ducha debía abrir el agua fría del bidet; que siempre tendiera la cama, porque, como la cocina estaba cerca de la habitación, si cocinaba con la cama destendida correría el riesgo de provocar un incendio. Al concluir las instrucciones, me dio un beso en la mejilla, me dejó las llaves y se fue.
—Llamame si necesitás algo —me dijo.
Lo primero que hice fue bañarme, después me bañé por segunda vez, para compensar los días de suciedad que había pasado en la parte trasera de mi furgonetita, y más tarde bajé al subsuelo, donde estaban los lavarropas de uso comunitario. Lavé la ropa, la metí en un canasto, subí a la terraza, la colgué, volví a bajar para dejar el canasto y subí hasta el quinto piso para acomodar las pocas cosas que traje y ver si encontraba algo para comer. Una lata de atún, una lata de choclos en grano y un paquete de mayonesa que había vencido dos días atrás eran todo lo que había dejado Vicky antes de mudarse. Mezclé las tres cosas y comí. Ahora sólo quiero acostarme a dormir. Necesito pasar la noche en una cama decente.

5 comentarios:

  1. ¡Qué bueno es bañarse después de tanto tiempo! Solamente queda esperar que la mayonesa vencida, el atún y el choclo no sean algo similar o pero que la burundanga.

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  2. Estoy sin agua en el depto hace unos días... pero cuando vuelva voy a copiar tu idea, me voy a bañar varias veces al día, mientras tanto AGUANTO

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  3. En realidad aguantan los demás,a mi no me molesta

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    Respuestas
    1. No sabía, Anó, que estabas sin agua. Espero que vuelva pronto. Cualquier cosa que necesites, avisame.
      Saludos!

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