martes, 19 de noviembre de 2013

Día 323 - Tereré con vodka

Hoy me desperté cantando “No woman, no cry”, de Bob Marley. Nada como dormir sobre un colchón debajo del cual hay setenta mil dólares. Tuve sueños maravillosos durante toda la noche, sueños en los que no hacía más que comprar objetos costosos y vivir una vida repleta de lujos. El origen de ese dinero no representaba un dilema para mí. No tenía remordimientos ni por haber tomado el dinero de los rusos ni por haber apostado en contra de Vicky, porque no lo había hecho como consecuencia de un capricho, sino en base a un estudio minucioso de las características de ambas boxeadoras.
Ahora que era el más tipo más rico que conocía, ya nada conseguiría fastidiarme. Nada no, porque Samuel se acercó a mí y me ofreció un mate. Sabía que no me iba a salir barato, pero lo acepté de todos modos. Estaba muy amargo.

―¿No le ponés azúcar? ―le pregunté.
―No ―me dijo.
Después, se tomó un mate él, yo tomé otro, otro él, otro yo, otro él, otro yo, otro él, hasta que, entre sorbo y sorbo, se atrevió a decirme eso que tan angustiado lo tenía.
―Me inquieta la salud de Luján.
―¿Por qué? ¿Qué tiene? ¿Se golpeó? ¿Le pasó algo? ―le pregunté.
―No, lo que me inquieta es su salud mental. Actúa de manera cada vez más extraña. Duerme hasta muy tarde, come y come sin detenerse, sonríe sin motivo, casi que no habla…
―¿Y eso qué tiene de raro? Es una conducta típica de su edad ―le dije.
―Sí, de su edad sí… No de él. Él no era así, él era distinto.
―¿Distinto cómo, Samuel? Yo lo veo igual que siempre, nada más tiene rastas.
―¡Sí, eso es, las rastas! ¡Los cambios comenzaron el día que se hizo las rastas!
―¿Vos qué estás sugiriendo? ¿Qué las rastas están dominando su comportamiento? ¿Qué lo poseyó el espíritu de un primo de Bob Marley?
―Y, la verdad es que ya no sé qué creer. Algo de eso debe haber. Tené en cuenta que las rastas no fueron hechas con sus cabellos. Usaron extensiones de otro ser humano. En algún momento esos cabellos habrán comenzado a ejercer un influjo sobre su mente.
―Decime una cosa, Samuel, ¿vos estás tomando tereré con vodka?
―No.
―Entonces, si realmente creés en lo que estás diciendo, le veo una sola salida a tu problema.
―¿Cuál? ―me preguntó.

―Hay que raparle la cabeza a mi primo Luján.

10 comentarios:

  1. Respuestas
    1. No lo sé, Fernando. De lo que estoy seguro es de que la sensatez no suele darte dinero.
      Saludos!

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  2. Ahora comprendo el porqué de la pseudo ingenuidad fastidiosa de Susana, habrá que raparla!

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  3. Ahora entiendo la pseudo ingenuidad latosa de Susana, habrá que raparla nomás!

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    1. Por qué insistís, Anó? De qué Susana hablás?
      Saludos!

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  4. Ahora entiendo la pseudo ingenuidad latosa de Susana, habrá que raparla nomás!

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    1. Bueno, está bien. Si insistís, la rapamos. Pero decime de qué Susana hablás.
      Muchas gracias.
      Saludos!

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  5. Respuestas
    1. ¡Claro!, Como si no hubiera ochocientas treinta y dos mil novecientas cincuenta y nueve Susanas Giménez dando vueltas por ahí. ¿No querés que aprovechemos la movida y rapemos también a Juan Pérez?
      Saludos!

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