sábado, 12 de octubre de 2013

Día 285 - Amigos inseparables

Hoy me desperté cantando “Reconciliación”, de Ricardo Arjona. Nunca es lindo despertarse cantando una canción de Arjona, pero esta por lo menos tiene la ventaja de no ser una de las más rimonas. Terminé de cantar y vi que mi primo Luján, de Luján, estaba agachado y casi metido en el ropero, revolviendo todo y arrojando ropa hacia afuera. Sus extensiones lacias y castañas caían por detrás de su espalda hasta rozar el piso.
―¿Qué pasa? ¿Qué buscás? ―le pregunté.
―¡Mi mochila, mi ropa, mi documento, mi billetera, todas mis cosas! ―me dijo―. Anoche dejé todo armado para irme ni bien me levantara y desapareció todo.
―¿Habrán entrado ladrones? ―Yo sabía que Samuel era el responsable de que sus pertenencias faltaran, pero le hice la pregunta para disimular.

―No, no entraron ladrones, porque la puerta no fue forzada.
―Puede haber sido un hombre araña ―le dije.
―No, imposible.
―¿Por qué?
―En primer lugar, porque no tenemos balcón. Y, en segundo lugar, porque somos tres hombres durmiendo en un monoambiente. ¿No te parece que si alguien hubiera entrado lo habríamos oído?
―¿Y entonces? ―le pregunté.
―Y entonces ―me dijo mientras caminaba rumbo a la cama en la que dormía Samuel―, entonces el ladrón siempre estuvo acá adentro.
―¿Qué sucede? ―dijo Samuel después de que Luján lo hubiera despertado de un sopapo en la frente.
―¡Dale, Peperino, no te hagás el pelotudo, ya sé que te llevaste mis cosas, decime dónde están! ―gritó Luján.
―¿Qué cosas? ¿Qué hacés acá? ¿No era que te ibas al comenzar el día?
Parado a un costado de él, pude ver cómo la indignación colmaba el rostro de Luján. Desbordado por la bronca, se arremangó, se ató su larga cabellera y se disponía a darle un puñetazo en la cara a quien había sabido ser su alma gemela cuando me interpuse entre ellos para evitarlo.
―¡Basta! ―les dije―. Yo no sé qué es lo que pasó en ese viaje para que ustedes, que se querían tanto, se odien de esta manera. Tampoco me interesa saberlo, ni sé por qué desaparecieron tus cosas, Luján, pero eso tampoco es importante. Lo único que importa acá es que se den cuenta de que están a punto de distanciarse y que, si no recapacitan, pueden llegar a pasar años y años antes de que vuelvan a verse. Se los digo por experiencia propia. Hace poco, por dejarme arrastrar por el orgullo y las supersticiones, perdí al amor de mi vida y ahora no sé cómo voy a hacer para recuperarla. Y ustedes, que se tienen uno al otro, no hacen más que discutir por boludeces. ¿Saben lo que yo daría por poder abrazar a Vicky en este momento, por apretujarla entre mis brazos?

Por lo visto mis palabras llegaron a conmoverlos, porque de inmediato esos dos amigos inseparables se fundieron en un sentido abrazo.

5 comentarios:

  1. Por suerte, seguís con la misma tranquilidad de pensamiento, aún frente al dolor del recuerdo de la amada que ya no está.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Como diría el poeta: qué difícil se me hace...
      Saludos!

      Eliminar
  2. Fuerza Don Natalio, no renuncies a tus sueños de amor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Ano. Al sueño no renunciaré jamás. El amor me despidió sin causa.
      Saludos!

      Eliminar
    2. Perdón, Anó, cuando dije Ano quise decir Anó.
      Saludos!

      Eliminar