sábado, 18 de mayo de 2013

Día 138 - Haciendo la plancha


Hoy me desperté cantando “Una calle nos separa”, versión de Leo Dan. Ni bien terminé de tomar el desayuno que preparó mi primo Luján, de Luján, busqué la furgonetita y manejé hasta la esquina de la casa de Vicky. Sé que no es conveniente que nos veamos, no al menos hasta que no hayamos resuelto el asunto del Lugar Especial, pero quería sentir que estaba cerca de ella. Recostado en la parte trasera del vehículo, saqué, del interior del guante de cocina que colgaba de mi cuello, la carta que ella me había escrito y la leí en voz alta. Volví a plegar el papel, lo guardé, permanecí ahí durante unos minutos y volví al monoambiente.
Samuel estaba solo, planchando lo que parecía una sábana blanca mientras silbaba una melodía que no pude identificar.

—¿Y Luján? ¿Y el mimo? —le pregunté.
—Fueron al jardín francés. Luján va a atraer turistas mientras el mimo trabaja.
Samuel terminó de planchar la “sábana” blanca y se puso a planchar un trozo de tela que también era blanco y tenía el aspecto de una funda de almohada. Me sorprendió el que hubiera lavado su ropa de cama, porque, salvo por Luján, nadie suele ocuparse de las tareas del hogar, pero no le di demasiada importancia y fui hasta el baño nada más que para no estar a solas con Samuel. Su renuencia a pronunciar palabras que contuvieran la letra “p” me pone sumamente nervioso.
Después de lavarme la cara, lavarme los dientes, pasarme hilo dental, afeitarme, cortarme las uñas de las manos y los pies, bañarme, ponerme perfume y peinarme, volví a salir y vi que Samuel estaba guardando en un pequeño bolso las prendas que acababa de planchar. Fue entonces cuando deduje que no se trataba de ropa de cama, sino de la túnica y la capucha blancas que usábamos para asistir al Lugar Especial. Supuse que, como yo había estado acercándome peligrosamente a la verdad, el moderador del Grupo de Ayuda para Gente con Problemas Pelotudos habría omitido extenderme la invitación. Si estaba en lo cierto, Samuel y los demás Pelotudos irían al Lugar Especial esa misma noche.
—¿Te vas a algún lado? —le pregunté.
—Eh… No. Ah, ¿qué? ¿A causa del bolso me consultás? —dijo, algo nervioso.
—Sí, ¿qué pasa? ¿Te mudás? ¿Volvés a tu departamento?
—No… ¡No! De ninguna manera —me dijo—. Voy a la casa de un amigo. Vamos a hacer un asado y luego salimos. Como nos vamos a llenar de olor a humo, llevo indumentaria así me baño en su casa. Nos vemos en unas horas.
—Chau. Que tengas suerte —le dije.
Ni bien se fue, salí y, manejando mi furgonetita, pasé por Plaza Francia, busqué a Luján y al mimo y les dije que, una vez más, deberíamos irrumpir en el boliche Amerika. Había llegado el momento de dar un golpe en el Lugar Especial.

4 comentarios:

  1. Con cuidado, tienen planes? Suerte!

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    1. Sí, Anó. Me falta pensar en algunos detalles, pero tengo algo pensado.
      Saludos!

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  2. Con cuidado, tienen planes? Suerte!

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    1. Veo que estás un poco ansioso, Anó.
      Saludos!

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