Hoy
me desperté cantando “Te recuerdo”, de Bravo. No recuerdo ni cómo ni cuándo
empezó esto de despertarme todos los días cantando. La mayor parte de las
personas lo considera una bendición y lo asocia con eso que llaman “la alegría
de vivir”. Estaría de acuerdo si fuera que, por obra y gracia de mi voluntad,
despertara cantando la canción que yo quisiera, pero no es así, y a veces hasta
me despierto cantando cosas que no conozco, que no entiendo o que no creo haber
escuchado nunca. Es difícil pensar en la “alegría de vivir” si un martes a las
6 de la mañana te despertás cantando “Puto”, de Molotov; o si tenés 10 años y,
un día después de la muerte del perro con el que se supone que compartiste un
viaje en cigüeña, te despertás cantando “Zapatos rotos”; o si un día después de
que sorprendiste a tu acompañante terapéutica en un trío con dos morenos te
despertás cantando “Ojalá que llueva café”. No, para mí, más que una bendición,
estoy cumpliendo un castigo por algo que habré hecho en vidas anteriores.
Igual, pasa hace tanto tiempo que estoy acostumbrado.
Hace un rato me llamó mi terapeuta amigo. Él trabaja con un método poco convencional que no se inspira ni en Lacan ni en Freud, sino en el lucro. Es tal su compromiso con el método, que cada tanto me llama para convencerme de que necesito una sesión de urgencia. Por lo general esto sucede unos días antes de que se tome vacaciones o cerca del vencimiento del ABL anual. A mí, la verdad, mucho no me sirve el tratamiento, pero me niego al cambio porque me da fiaca la idea de volver a contarle las mismas cosas a otro ser humano. Además, acepta sellarme la orden cada vez que necesito tomarme una “licencia especial” en el trabajo.
Para
sorpresa mía, esta vez no me llamaba por una sesión de urgencia. Por lo visto,
se había quedado con culpa por el plantón de ayer. Me dijo que íbamos a
recuperar la sesión, que en la semana tenía la agenda muy cargada, que íbamos a
hacerlo por teléfono y en ese preciso momento, que por esta vez iba a renunciar
a sus honorarios, pero que lo llamara yo, porque se estaba quedando sin
crédito. Acto seguido, sin darme tiempo a responderle, cortó la comunicación.
Después
algunos se atreven a tratar de rata a mi santa madre. Al lado de este tipo, mi
vieja es el ser más dadivoso del planeta.
Lo
llamé y, ya que estaba, le conté lo que había pasado en los últimos días, que
me había dado cuenta de que, si no hacía nada importante en el transcurso del
año, iba a entrar de lleno en la tan temida crisis de los 30.
—En
realidad —me dijo—, esto que te está pasando es la crisis de los 30.
—¿Qué
estás sugiriendo? —pregunté— ¿Qué nací en Nigeria? ¿Qué mis viejos me anotaron
con un año de retraso?
—No.
Digo que tu ansiedad te llevó a adelantar un año la crisis de los 30.
Ansiedad,
ansiedad… Decir “ansiedad” es como decir “bizarro”. Son palabras que se usan
para tantas cosas que al final no significan nada.
—Y
¿cómo lo resuelvo? —le pregunté.
Como
respuesta, hizo un silencio largo, largo, largo. Sabía que estaba ahí porque
escuchaba su respiración al otro lado del teléfono. Hizo un silencio tan largo,
que se nos acabó el tiempo. “Lo hablamos en la próxima sesión”, me dijo y, por
segunda vez, cortó la comunicación.
¿Será
posible? ¿Tendría razón mi abuela cuando decía que, además de ser lindo, soy un
adelantado? ¿Será verdad que a la temprana edad de 29 años y 4 días Natalio
Gris ya está viviendo la crisis de los 30? ¿Qué catzo hago con los 360 días que
me quedan por vivir? Mejor vuelvo a llamarlo y le pido que vaya preparando el
sello. Necesito una “licencia especial”; mañana será domingo, pasado mañana
lunes y no estoy en condiciones de volver al trabajo con esta murga de dudas
repiqueteándome en la cabeza.
No hay crisis de los 30 que dure cien años.
ResponderEliminarMuchas gracias, Fernando. Espero no convertirme en la excepción que confirme la regla. Saludos!
EliminarQuién tuviera un terapeuta así hahaha, no me imagino una seción más rápida xD
ResponderEliminarMuchas gracias, Mawar, por el comentario. Si estás interesada en concertar una entrevista con mi terapeuta amigo, puedo pasarte el número.
EliminarSaludos!