lunes, 15 de julio de 2013

Día 196 - Los roles invertidos

Hoy me desperté cantando “The power of love”, de Celine Dion. Vicky y yo volvimos a dormir abrazados y, sin soltarla ni por un segundo, mirándola a los ojos, le canté entre susurros. Llegando al final de la canción, sonó su celular y, aunque le pedí con la mirada que no se levantara, a pesar de que me aferré a ella con todas mis fuerzas, se desembarazó de mis brazos y fue a atender. ¿Quién podía molestar a esa hora e interrumpir un momento tan romántico? Arnoldo Jorge Negri. ¿Quién si no?
Llevaban cinco minutos de charla cuando mi paciencia llegó a su límite y, con la excusa de besarla en el cuello, me acerqué para ver si podía oír parte de lo que le estaba diciendo el gigante musculoso, pero Vicky reclinó la cabeza hacia atrás y ocultó su cuello debajo de su nuca. Después se dio vuelta, hizo un gesto que evidenciaba el fastidio que le había provocado mi ocurrencia y se encerró en el baño. Salió a los veinte minutos con el rostro enrojecido por el calor del agua, una toalla envolviéndole los cabellos y su bata rosa cubriéndole el cuerpo, y antes de cortar el teléfono se despidió de Arnoldo. ¿Podía ser posible que hubieran seguido hablando mientras ella se daba un baño de inmersión? De cierto modo, se habían bañado juntos y, aunque no la había visto, había hablado con mi novia estando ella desnuda. No lo pude tolerar. Los celos me dominaron y me ganó la idea de que para tranquilizarme necesitaría que Vicky me ofreciera una prueba de su amor. Me acerqué a ella y, hablándole al oído, le dije:

—Te amo.
—Gracias —me respondió y apartó la cabeza.
Por temor a que mi hálito matinal hubiera sido la causa de su distanciamiento, fui al baño y me cepillé los dientes. Me acerqué a ella y hablándole cara a cara le dije:
—Vicky…
—¿Qué? —me preguntó.
—Te adoro.
Como toda respuesta, apenas esbozó una sonrisa.
—¿Vos? —le pregunté.
—¿Yo qué?
—¿No tenés nada para decirme?
—Sí…
—¿Qué? —le pregunté, algo ansioso.
—Andá a comprar el pan y traete, de paso, una lata de salsa de tomate.
—Uh, bueno —le dije y, antes de cerrar la puerta, asomé la cabeza y pronuncié su nombre.
—¿Qué? —me preguntó un tanto exasperada por mi insistencia.
—Nada, que te quiero mucho.
—Bueno, dale, andá a comprar el pan, no vaya a ser cosa que cierre la panadería.
—Pero, ¿vos no me decís nada?
—¿Qué querés que te diga, gordito?
—¿Gordito? Vos nunca me decís gordito. ¿Qué? ¿Engordé? ¿Por eso no te gusto? ¿Por qué no soy grandote ni tengo abdominales?
—¿Qué decís, Natalio? No seas pesado.
—¡Ah! ¡Pesado! ¿Ves que tengo razón?
—¡Andá a comprar el pan, querés, carajo! ¡No me pongas nerviosa! —me gritó.

El susto me llevó a cerrar la puerta. Apenas si llegué a quitar la cabeza. Afortunadamente, el ascensor estaba ahí, en el quinto piso. Me subí y comencé a bajar, pero llegando al tercer piso me arrepentí, lo detuve y continué el descenso por las escaleras. Sentía que había engordado y necesitaba hacer ejercicios. Por ese motivo, en lugar de ir a la panadería más cercana, corrí tres cuadras hasta la siguiente y dos más hasta el supermercado chino en el que compraría la salsa de tomate. Compré pan de salvado —tenía que comenzar a cuidarme— y, además de la lata que me había encargado Vicky, conseguí algún que otro producto dietético. Espero que no se enoje. A ella no le gustan los alimentos “light”. No sé por qué, pero a veces siento que tenemos los roles invertidos; que ella es mi hombre y yo, su mujer.

2 comentarios:

  1. Don Natalio, hay algunas cosas que he pensado: vos tenés el culo de Jesica Cirio, y Vicky se dedica al boxeo. Es decir que no solamente están los roles invertidos, según creo.
    No sé si esto es bueno o malo, solamente lo resalto porque me llamó la atención
    ¡Salud!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Fernando. Parece que al movimiento feminista se le fue la mano con eso de la igualdad y terminaron dando vuelta las cosas. Lo único que espero es que no terminen contratándonos para hacer las publicidades del yogur que se jacta de ser la onda verde del tránsito intestinal.
      Saludos!

      Eliminar