viernes, 19 de abril de 2013

Día 109 - Un mimo en la bañera


Hoy me desperté cantando “A cada hombre, a cada mujer”, de Serú Girán. Creo que yo cantaba las partes de Aznar, Samuel las de Lebón y mi primo Luján, de Luján, que es el más virtuoso de nosotros tres, cantaba las partes de Charly García. Esta vez Luján se anticipó a las artimañas de Samuel y preparó el desayuno por propia iniciativa. Después de desayunar, Samuel sugirió que jugáramos a algún juego de mesa. Propuse el Poker y el Pictionary, pero los rechazó, supongo que porque el nombre de ambos comienza con la letra “p”.
—¿Por qué no jugamos a Dígalo con mímicas? —preguntó Luján.
Yo no estuve de acuerdo, porque ese juego me recuerda a mi padre ausente, pero, tras una votación en la que el “Sí” se impuso por dos votos contra uno, se decidió que jugaríamos de todos modos. Por suerte, cuando Samuel comenzó a hacer morisquetas que me resultaban indescifrables, sonó el timbre.

—¡Atiendo yo! —dije, me puse de pie y corrí hacia el portero eléctrico.
—¿Quién es? —pregunté, pero nadie respondió.
Volví a sentarme, Samuel recomenzó sus mímicas y el timbré sonó nuevamente.
—¡Yo voy! —dije, me puse de pie y corrí hacia el portero eléctrico.
—¿Quién es? —pregunté, pero nadie respondió. —¿Quién es? —insistí y, aguzando el oído, percibí una respiración agitada al otro lado del portero.
Volví a sentarme. Compenetrado con su representación, Samuel se tapó la nariz, infló los cachetes y se agachó lentamente, balanceando su cuerpo hacia los costados. ¿Qué mierda estaba haciendo? No tenía ni la más remota chance de adivinar. Por suerte, volvió a sonar el timbre.
—¡Déjenme a mí! —dije, me puse de pie y corrí hacia el portero eléctrico.
—¿Quién es? —pregunté, pero nadie respondió. —¿Quién carajo es? —insistí y no obtuve respuesta.
Movido por el deseo de escaparme del Dígalo con mímicas más que por mi vocación de servicio, tomé las llaves y bajé hasta la puerta de calle con la intención de descubrir quién era el chistoso que estaba dele joder con el timbre. Al salir del ascensor en planta baja comprendí todo. Palpando el vidrio de la puerta de entrada como si estuviera en medio de uno de sus números artísticos, el mimo de Plaza Francia que oficia de traductor en las excursiones de “El Pasea Porros” miraba hacia adentro con ojos cargados de angustia. Cuando le abrí me dio un abrazo y comenzó a sacudir los brazos a toda velocidad. No pude entender lo que quería decirme, pero se me ocurrió que, ya que Samuel y Luján querían jugar a las adivinanzas, podría invitarlo a subir para que ellos tradujeran el mensaje del mimo a un lenguaje audible e inteligible.
—Vení. Subí —le dije.
El me mostró la palma de una mano, dio media vuelta y se fue. Finalmente había logrado interpretar una seña: me había pedido que lo esperara. A los pocos segundos regreso cargando un bolso gigantesco. Subimos y les expliqué a mis convivientes lo que estaba sucediendo. El mimo comenzó a hacer señas a toda velocidad. Samuel puso cara de no estar entendiendo una mierda. Luján, en cambio, se puso de pie, caminó hasta quedar frente al mimo e interactuó con él, alternando gestos y señas a la misma velocidad. Después se acercó a mí y, hablándome en voz baja, me dijo:
—Parece que la mujer lo rajó de la casa porque, según parece, tienen serios problemas de comunicación. Fue a verla a Vicky para ver si podía ayudarlo y ella le dijo que…
—Sí, sí, ya sé. No hace falta que me digas nada —dije, interrumpiéndolo—. Le dijo que este monoambiente es un poco chico, pero que mi corazón es grande y no voy a tener problemas si viene a vivir acá con nosotros. Pero, la verdad, no sé cómo nos vamos a acomodar.
—Dale, Don Natalio, sé bueno. Quedémonos con el mimo —dijo Samuel.
—Sí, por favor. Mi vieja nunca me dejaba tener mascotas —agregó Luján.
—¡Está bien! ¡Está bien! Se queda —les dije—. Pero va a tener que dormir en la bañera.
Como si fueran integrantes del mismo equipo de fútbol y estuvieran celebrando un gol, los tres se fundieron en un abrazo. Después se pasaron el día entero jugando a Dígalo con mímicas. El mimo hacía lo suyo y los otros dos trataban de adivinar. Yo no participé. Preferí recostarme y mirar para otro lado.

6 comentarios:

  1. Míralo de esta manera. Te has ganado 3 hermanos.

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    1. Muchas gracias, Rompecabezas y Matices, por la mirada optimista. Viviendo en estas condiciones me es muy difícil ver el lado positivo de las cosas.
      Saludos!

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  2. Me encanta jugar al dígalo con mímica, me invitan? Saludos

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    1. No sé, Anó. Tendrías que preguntarles a los botarates de mis convivientes.
      Saludos!

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  3. Fumáte un porro, Don Natalio. Te va ayudar a fumarte a los conviventes.
    ¡Salud!

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    1. Se me ocurrió, probé, no funcionó.
      Saludos!

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