sábado, 16 de marzo de 2013

Día 75 - Los carapintadas


Hoy me desperté cantando “Corazón con agujeritos”, de Chiquititas. La canción acentuó la tristeza con la que me había dormido. Ayer, tras regresar de la estación de GNC y dedicar la tarde a asistir a las socias del gimnasio en el uso de la escaladora, la llamé a mi vieja. A ella le encanta discutir los viernes y quise darle el gusto. De paso aproveché para sacarle algo de información respecto al paradero de mi padre, a quien vi por última vez en los albores de mi adolescencia, cuando se marchó en un presunto viaje de negocios del que nunca regresaría. Al principio mi madre actuó con reticencia, pero a fuerza de insistir logré que me contara algunas cosas.

—Mirá, Natalio —me dijo—, tu padre siempre fue de dejarse llevar por impulsos un tanto extravagantes. Para que te des una idea, en una época perteneció a uno de esos grupos de caras pintadas.
—¿Papá un carapintada? —le pregunté asombrado— ¿Vos me estás diciendo que papá trabajó a las órdenes de Aldo Rico en los levantamientos de fines de los ochenta?
—¡No, Natalio! Si tu padre no podía ni disparar una alarma. Se pintaba la cara con un grupo de locos y se iban a Plaza Francia a hacer esos numeritos en los que palpan una pared imaginaria o tiran de una soga invisible.
—¡Ah! ¡Era mimo! ―dije y suspiré aliviado.
—Sí. Bah, no era un mimo con todas las letras… O, mejor dicho, le sobraban letras para ser un mimo, porque no podía quedarse callado, y mientras sus compañeros se limitaban al lenguaje gestual, él se la pasaba chamuyando turistas. “¿Querés que te haga un mimo?” les decía, y con ese truquito pelotudo se las levantaba. Al final esa incontinencia verbal terminó por costarle la membrecía. Lo echaron a la mierda por charlatán, que es lo que yo tendría que haber hecho mucho antes de que él se fuera.
—¿Yo me parezco en algo a él? —le pregunté, para cambiar de tema y evitar que se enroscara recordando la partida del viejo.
—Y, en eso de encarar mujeres no te parecés ni un poquito, porque a vos desde muy chiquito ya te daban miedo las minas. Cuando naciste, el obstetra se preocupó, porque pasaban los minutos y vos no llorabas. Desesperado, le pidió a la enfermera que te tuviera mientras iba a buscar no sé qué cosa y santo remedio, ni bien te agarró la mina te pusiste a llorar. Después, a los tres años, en tu primer día de jardín…
—Mamá, mamá —la interrumpí, rojo de vergüenza al otro lado del teléfono—, otro día me contás, ahora estoy apurado. Gracias por las historias. Un beso. Chau.
Hablando de gente que no habla, esta mañana fui hasta la morgue judicial para reunirme con Christian con “h” muda, mi socio en el proyecto del salón de belleza en los velorios. Saludé al guardia de seguridad y bajé por ascensor hasta el segundo subsuelo. Ahí estaba él, en el cuartito lúgubre en el que siempre lo encuentro, ocupando su silla entre las dos camillas sobre las cuales reposaban dos cuerpos inertes que habían sido cubiertos por sendas sábanas blancas. Sin dar demasiadas vueltas, le comuniqué mi decisión de disolver nuestra sociedad. Reaccionó como reaccionaba ante cualquier estímulo: de ninguna manera. Podría haberle dicho que iba a ir a comprar pan o que me acompañara al zoológico para buscar un elefante y meterle la trompa en el culo de un ñandú, que habría respondido con la misma indolencia. Nos despedimos mediante un apretón de manos que significó el fin de un proyecto y el fin de una amistad.
¡Qué tristes son las despedidas! Mientras caminaba de regreso al conventillo me dieron ganas de pintarme la cara de blanco y pedirle que me hiciera un mimo al primer transeúnte que pasara por ahí.

6 comentarios:

  1. No te pongas triste Natalio, mi viejo se pasó la vida levantandose mujeres de todo tipo y mi madre nunca tuvo el coraje de pegare una patada en el... Y se puede superar.O será, mal de muchos consuelo de tontos, ajajaaaaaa

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    1. Muchas gracias, Anó Nimo, por el apoyo.
      Saludos!

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  2. Hm, sería muy interesante si podés subir una foto de la trompa del elefante en el culo del ñandú, mientras este mete la cabeza en la tierra.

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    1. Muchas gracias, Fernando. Comparto tu curiosidad artística, pero, lamentablemente, hice referencia a una situación hipotética.
      Saludos!

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  3. Me gusta como escribis.Te empiezo a seguir.
    Mica.

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    1. Muchas gracias, Mica. Sin duda, serás de gran ayuda para que pueda desactivar la crisis.
      Saludos!

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