Hoy me desperté cantando “Zanguango”,
de Leo Masliah. Mientras cantaba, no sé si para acompañar el ritmo o para
reafirmar lo que dice la letra, Samuel asentía con la cabeza una y otra y otra
vez. Sinceramente, no creo ser todo lo que dice la canción, aunque tantos
insultos enunciados en primera persona terminaron por despertar mi autocrítica.
Tres días habían transcurrido desde la última vez que había visto a mi amada y,
a decir verdad, me sentía un poco culpable. Se había ido de su propio
departamento sin que le diera la oportunidad de tener esa charla que tanto había
reclamado. Hoy tenía otros asuntos de los que ocuparme, pero a partir de mañana
me pondré en campaña para averiguar adónde fue y el primero de octubre, una vez
concluido este mes maldito, iré a hablar con ella.
Soy Natalio Gris, primer nacimiento argentino del año 1984. El 1 de enero de 2014 voy a cumplir los 30 y sé que si no hago algo importante antes de que ese día llegue voy a caer en una crisis tan profunda como insuperable. Tengo 365 días para desactivar la crisis de los 30.
martes, 10 de septiembre de 2013
lunes, 9 de septiembre de 2013
Día 252 - El fin de la era de los videoclubes
Hoy me desperté cantando “Amor perdido”, de María Luisa Landín. ¡Buenas noticias! Anoche Vicky no regreso a dormir a casa, por lo que no tuve que preocuparme por evadirla para evitar que le ponga fin a nuestra relación. Se me ocurrió que podríamos aprovechar su ausencia para vivir una noche de hombres y fui hasta el videoclub amigo con la intención de alquilar Con Air, una película de acción protagonizada por Nicolas Cage. Cuando llegué me enteré de que el videoclub del barrio había cerrado y que en el mismo local había abierto una verdulería. Fui entonces al videoclub del que era socio cuando vivía en mi antiguo barrio; también había cerrado. Estaban remodelando para abrir un salón de fiestas. Tuve que recorrer media ciudad para encontrar uno abierto, pero no tenían la película que estaba buscando, así que terminé alquilando una que me recomendó el señor que atendía el local: “Milk”.
domingo, 8 de septiembre de 2013
Día 251 - Pizzas al chulengo
Hoy me desperté cantando “Moriría por vos”, de Amaral. Hasta esta mañana, cuando el dj en mi cabeza decidió que
comenzara el día cantándola, no sabía que existía esa canción cuya letra dice: “Como
Nicolas Cage en Leaving Las Vegas”. Amo a Nicolas Cage y considero que esa es
una de sus mejores películas. Creo, además, que soy un poco como Nicolas Cage
en Leaving Las Vegas. No, no soy alcohólico, tampoco soy escritor y mi novia,
al menos hasta donde yo sé, no es una prostituta, pero suelo pensar que mi
relación con Vicky se identifica con la de los personajes de la película, sobre
todo en el fatalismo que transmite, en la sensación de que, sin importar lo que
hagamos para evitarlo, las cosas van a terminar mal y pronto.
sábado, 7 de septiembre de 2013
Día 250 - Mi toldo ambulante
Hoy me desperté cantando “No soporto el rap”, de Joaquín Sabina. Ayer volví muy tarde a casa para asegurarme
de que Vicky ya estuviera durmiendo y hoy me encerré en el baño hasta terminar
la canción para que no se despertara, porque quería evitar que me dijera lo que
quería decirme: que quería dejarme. Cuando salí del baño, decidido a salir a la
calle, me encontré con ella, que había estado esperando detrás de la puerta.
—Natalio, ¿podemos hablar? —me
preguntó.
—¿Tiene que ser ahora? —le
dije— Justo estaba por ir a entrenar.
—¿A entrenar? Nunca te vi
haciendo ejercicio y cada vez que te invito a correr conmigo, ponés una excusa
para no ir.
—Eh... No… Claro… Porque no
me gusta que me vean cuando entreno. Voy siempre solo y muy temprano a la
mañana.
—¿Temprano? Son las once y
media.
viernes, 6 de septiembre de 2013
Día 249 - Lola, Berta y el Mudo
Hoy me desperté cantando “Todo vuelve”, de Axel. Me levanté de la cama penando que si fuera verdad eso de que
todo vuelve, mi viejo habría vuelto, y sin embargo… De repente recordé que el
último lunes Luis Miguel me había llamado porque tenía novedades respecto al
paradero de mi padre y decidí hacerle una visita sorpresa. Antes de que me
fuera, Vicky me detuvo porque necesitaba hablar, tenía algo para decirme.
—¿Sabías que Samuel es
ratero? —le pregunté con la esperanza de distraerla.
—¿Cómo que es ratero? —me
preguntó.
—Sí, el mejor ratero de la
ciudad —le dije y aproveché su desconcierto para abandonar el monoambiente
antes de que pudiera comunicarme que nuestra relación se había terminado.
jueves, 5 de septiembre de 2013
Día 248 - El mejor ratero de toda la ciudad
Hoy me desperté cantando “Till I collapse”, de Eminem. Vicky y yo compartíamos la parte de arriba y Samuel y
mi primo Luján, de Luján, compartían la parte de abajo de la cama marinera. Cuando
terminé de cantar, Samuel se levantó de un salto y me preguntó si a mí también
me gustaba la música hablada.
—¿El rap? —le pregunté.
—Sí —me respondió.
Antes que explicarle, una vez
más, que lo de despertar cantando era una maldición, que yo no elegía las
canciones y que a veces, como en ese caso, ni siquiera las conocía, me fue más
fácil responderle que sí, que el rap me fascinaba.
—Ah —dijo y comenzó a mover
el cuerpo y las manos tratando de que coincidieran con la cadencia de sus
palabras— ¿Sabías que ahora yo / que dejé de fumar / yerba medicinal / abandoné
el reggae / y ahora hago rat?
miércoles, 4 de septiembre de 2013
Día 247 - Una relación muy sana
Hoy me desperté cantando “El virus del miedo”, de Ismael Serrano. Me levanté procurando no hacer ruido
porque temía que, si la despertaba, Vicky pusiera fin a nuestra relación. Con
el objetivo de ahuyentar a los fantasmas de la separación, me puse a prepararle
el desayuno, pero estaba tan inseguro que me costaba avanzar. Sentía que
cualquier error podía convertirse en la gota que rebalsara el vaso. ¿Qué habría
sucedido si en lugar de edulcorante le hubiera puesto azúcar a su mate cocido? ¡Me
habría abandonado como al perro que soy!
Sí, mi intuición no suele fallar cuando de predecir tragedias se trata.
Definitivamnte, Vicky tenía planeado abandonarme. ¿El motivo? Lo desconozco,
porque a ella no le gusta hablar acerca de nuestra relación, acerca de
nosotros. En realidad, no le gusta hablar, o, mejor dicho, en algún momento
dejó de gustarle hablar conmigo… porque con otros habla la muy desalmada.
martes, 3 de septiembre de 2013
Día 246 - El lado oscuro de Luján
Hoy me desperté cantando
“The end”, de The Doors. Y sí, es el
final del Centro de Contención y Reinserción para Gente con Problemas Pelotudos
y, probablemente, también haya llegado la hora de cerrar para siempre la
Fundación PROPEL. Teniendo en cuenta mi situación económica actual, no es una
mala noticia, porque toda la actividad en torno a los Pelotudos me consumía
mucho tiempo y no me dejaba ingreso alguno. Imagino que en el Centro de
Rehabilitación al que los llevaron encontrarán la mejor manera de tratarlos y
recuperarlos. Mi primo Luján, de Luján, y Samuel pueden seguir viviendo en el
conventillo, porque, con o sin fundación, la habitación me pertenece. La gané
en buena ley en una apuesta de caballeros.
Ayer, antes de regresar del
conventillo, quise saber por qué no habían llevado a Samuel para rehabilitarlo.
Luján me contó que, si bien había interpretado el aviso de Catalina como una
amenaza, por las dudas le pidió a Samuel que se escondiera en el ropero y que,
cuando vinieron a llevarse a los cinco Pelotudos y sólo encontraron a cuatro,
le preguntaron dónde estaba el que faltaba y señaló a un inquilino cualquiera.
El hombre trató de resistirse, sí, y negó que él fuera aquel al que estaban
buscando, pero de poco le sirvió, porque todos los Pelotudos habían recurrido a
los mismos recursos.
lunes, 2 de septiembre de 2013
Día 245 - Vos no sos mi mamá
Hoy me desperté cantando “Adicto a ti”, de Walter Olmos. Parece que el cuarteto no es el tipo de música que le
gusta a Vicky, porque esta vez, lejos de la emoción que la invadió el día que
le canté una de Luis Miguel, giró sobre la cama, me mostró la espalda y se
cubrió la cabeza con la almohada. Cerca del final de la canción, sonó mi
teléfono. Era mi vieja, que estaba súper enojada porque, según decía, mi
imprudencia y falta de tacto les había hecho perder un negocio de miles y miles
de dólares.
—¿A quién se le ocurre
hablarle de su Edipo, de la ausencia de su padre y de la menstruación de su
madre a un grupo de nenes de seis y siete años? —me preguntó.
—Mirá, hay una canción de
Arjona que…
—¡No te hagás el boludo,
Natalio! —me interrumpió.
—Así es el stand up, mamá.
Vos no entendés nada.
—¿Stand up? ¿Y quién te dijo
que tenías que hacer stand up, pelotudo? La gente de los barrios privados está
interconectada. Ahora no nos va a llamar nadie. ¡Nos hiciste perder la
oportunidad de nuestras vidas! —dijo, al borde del llanto.
—Bueno, tranquila, ya pasó,
algo se les va a ocurrir —le dije, tratando de consolarla—… Decime una cosa,
¿cuándo puedo pasar a buscar mi paga?
domingo, 1 de septiembre de 2013
Día 244 - Ladrones de gallinas
Hoy me desperté cantando “Septiembre, amor”, versión de Sandro. Ahora que el día llega a su fin, que estoy de
regreso, con la mujer que amo, en la comodidad de mi monoambiente; ahora que,
naufragando la calma de un domingo por la noche, repaso los acontecimientos del
día de trabajo en la casa del político del barrio privado, ahora reconozco que
quizá no fue una buena idea la de poner a prueba mi monólogo ante un público
conformado por niños de seis y siete años.
Antes de que cantaran los
primeros gallos, ya caracterizado como “Gaby, fofo y milico”, pasé a buscar al
mimo por la casa de mi madre y fuimos hasta la casa en la que se celebraría la
fiesta de cumpleaños para la que nos habían contratado. Quedaba más lejos de lo
que esperaba y hasta tuvimos que parar en una estación de servicio para cargar
gas. Luego de pagar, guardé muy bien el ticket, porque se lo presentaría a mi
vieja para que me reconociera el gasto dentro de los viáticos.
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